El proceso de la identificación es instintivo en la raza humana y es nuestro acto más frecuente y fundamental. Desde los comienzos del mundo los seres humanos han dedicado sus instintos, sentidos y conocimientos al proceso de la identificación en sus distintos aspectos. El hombre ha dado a toda materia, animada o inanimada, y, a todo ser, una designación especial, que fácil y continuamente reconocemos por los sentidos de la vista, tacto gusto, olfato y oído. El acto de identificar esta tan íntimamente ligado a los seres humanos, que de no existir aquel, éstos no podrían comunicarse entre si ni seria posible la vida en sociedad. Saludamos a nuestros semejantes después de haberlos reconocido visualmente. Por la vista, el paladar, el olfato, distinguimos los comestibles y clasificamos todo sujeto ou objeto después de que lo hemos identificado.
“la identificación es el acto más elemental y frecuente de la vida”, ha dicho el científico Español Federico Oloriz Aguilera y agrega: “Cada vez que encontramos a individuos de nuestra familia o conocidos nuestros, los identificamos haciendo un cotejo mental, instantáneo e inconciente, entre el hermano o el amigo que en carne y huesos se nos presenta y la imagen que de él llevamos estereotipada en la memoria. Si los hombres no pudieran reconocerse individualmente vivirían sobre la tierra sin verdadera asociación y si el instinto, el sentido o el proceso de la identificación cesaran de repente, se extinguiría la organización social y nos veríamos abocados a una confusión mayor que la provocada por la multiplicidad de las lenguas en la torre de Babel. El hombre necesita, como persona social, como individuo de una sociedad sin la cual no podría subsistir, del proceso de la identificación. Si esto es asi, mucho mas indispensable se hace cada día la necesidad de fijar, del modo más indubitable, la identidad personal en la vida jurídica. El estado civil de las personas, sus derechos ciudadanos, su responsabilidad penal, el sufragio electoral, el servicio militar, todo el engranaje jurídico privado y público de los derechos y obligaciones personales se basa en la certeza de la identidad de las personas, que es portadora de derechos y deberes. De que le sirve a una persona saber que puede hacer uso de un acción o de un derecho, si no puede probar eficazmente que ella es la persona a quien el Estado habrá de garantizar el tranquilo disfrute de su acción o de se derecho. Frecuentemente, casi a diario, presenciamos el caso de la suplantación de la identidad personal, ejecutada maliciosamente e ilícitamente, para lograr el disfrute de un derecho ajeno, o para ocultar la verdadera identidad.
Nada obtiene el Estado con imponer deberes, obligaciones y penas si las personas a quien éstos obliguen pueden fácilmente burlarlos, por que no pueden establecer inequívocamente su identidad o porque el individuo encuentre fáciles medios para cambiarla, adoptando la de otros; de ahí el peligro que constituye la identidad personal cuando no esta basada en un sistema eficaz, seguro y que presta toda garantía de efectividad.
Pon un parte, el hombre honrado, el buen ciudadano, necesita preservar su identidad contra los falsarios y consecuencialmente poner a salvo sus bienes y derechos e impedir que esa identidad sea suplantada para ejecutar a su nombre actos ilícitos o inmorales. Por otra parte, los delincuentes procuran ocultar siempre su verdadera identidad, usando nombres supuestos o usurpados los ajenos para cometer delitos y evadir las penas, procurando asi su impunidad. Es asi como a veces se culpan a terceros o se quedan impunes delitos como los de falsos testigos, falsedad en documentos públicos, cobro de cheques o valores por personas supuestas, bigamia, etc.
En la vida social, que es la vida del derecho, unos procuran asegurar su propia identidad y hacerla pública y otros se esfuerzan por ocultarla o cambiarla. A la sociedad le interesa garantizar el deseo de los primeros, impedir el fr4aude de los segundos y fijar inequívocamente la identidad de cada cual. El estado esta en la obligación de garantizarle al ciudadano el sano disfrute de sus derechos y el libre goce de sus bienes; uno de los medios primordiales para lograr este propósito es el de identidad personal inequívoca.
El hombre es el medio por el cual la humanidad expresa en forma sintética la identidad de una persona. Por que el nombre es la individualización de una personalidad y el medio para distinguir al individuo de los demás en determinado conglomerado social. Pero el nombre no tiene más fuerza legal ni más permanencia que la que le dan los otros individuos que lo conocen. Cuando un hombre no es conocido por nadie nada significa. Un hombre puede llevar cualquier nombre y viceversa, un nombre puede ser llevado por varios hombres o personas; asi vemos cómo, en la práctica, los nombres se han repetido extraordinariamente, dando lugar a innumerables conflictos sociales. Necesitamos, pues, encontrar el individuo, además del nombre, caracteres que pertenezcan a través de la edad, indestructibles accidental o voluntariamente, inconfundibles y absolutamente diferenciables de un sujeto a otro.Científicamente hablando, el hombre desconocido no existe, porque cada persona lleva en si un nombre imborrable, un nombre natural, o, mejor dicho, un nombre antropológico que lo distingue de todos los demás.
Ese nombre imborrable o inmodificable lo constituyen los dibujos formados por la crestas papilares o líneas que aparecen en la ultima falange de los dedos de las manos, lo que ha recibido el nombre de Dactilogramas.
Estos dactilogramas se estudian y se clasifican de acuerdo con sistemas preestablecidos que permiten archivar ordenadamente la fichas o tarjetas dactiloscópicas, con el fin de que pueda ser localizadas fácilmente, cualquiera que sea el número de tarjetas de la colección.
El proceso de la identificación es instintivo en la raza humana y es nuestro acto más frecuente y fundamental. Desde los comienzos del mundo los seres humanos han dedicado sus instintos, sentidos y conocimientos al proceso de la identificación en sus distintos aspectos. El hombre ha dado a toda materia, animada o inanimada, y, a todo ser, una designación especial, que fácil y continuamente reconocemos por los sentidos de la vista, tacto gusto, olfato y oído. El acto de identificar esta tan íntimamente ligado a los seres humanos, que de no existir aquel, éstos no podrían comunicarse entre si ni seria posible la vida en sociedad. Saludamos a nuestros semejantes después de haberlos reconocido visualmente. Por la vista, el paladar, el olfato, distinguimos los comestibles y clasificamos todo sujeto ou objeto después de que lo hemos identificado.
“la identificación es el acto más elemental y frecuente de la vida”, ha dicho el científico Español Federico Oloriz Aguilera y agrega: “Cada vez que encontramos a individuos de nuestra familia o conocidos nuestros, los identificamos haciendo un cotejo mental, instantáneo e inconciente, entre el hermano o el amigo que en carne y huesos se nos presenta y la imagen que de él llevamos estereotipada en la memoria. Si los hombres no pudieran reconocerse individualmente vivirían sobre la tierra sin verdadera asociación y si el instinto, el sentido o el proceso de la identificación cesaran de repente, se extinguiría la organización social y nos veríamos abocados a una confusión mayor que la provocada por la multiplicidad de las lenguas en la torre de Babel. El hombre necesita, como persona social, como individuo de una sociedad sin la cual no podría subsistir, del proceso de la identificación. Si esto es asi, mucho mas indispensable se hace cada día la necesidad de fijar, del modo más indubitable, la identidad personal en la vida jurídica. El estado civil de las personas, sus derechos ciudadanos, su responsabilidad penal, el sufragio electoral, el servicio militar, todo el engranaje jurídico privado y público de los derechos y obligaciones personales se basa en la certeza de la identidad de las personas, que es portadora de derechos y deberes. De que le sirve a una persona saber que puede hacer uso de un acción o de un derecho, si no puede probar eficazmente que ella es la persona a quien el Estado habrá de garantizar el tranquilo disfrute de su acción o de se derecho. Frecuentemente, casi a diario, presenciamos el caso de la suplantación de la identidad personal, ejecutada maliciosamente e ilícitamente, para lograr el disfrute de un derecho ajeno, o para ocultar la verdadera identidad.
Nada obtiene el Estado con imponer deberes, obligaciones y penas si las personas a quien éstos obliguen pueden fácilmente burlarlos, por que no pueden establecer inequívocamente su identidad o porque el individuo encuentre fáciles medios para cambiarla, adoptando la de otros; de ahí el peligro que constituye la identidad personal cuando no esta basada en un sistema eficaz, seguro y que presta toda garantía de efectividad.
Pon un parte, el hombre honrado, el buen ciudadano, necesita preservar su identidad contra los falsarios y consecuencialmente poner a salvo sus bienes y derechos e impedir que esa identidad sea suplantada para ejecutar a su nombre actos ilícitos o inmorales. Por otra parte, los delincuentes procuran ocultar siempre su verdadera identidad, usando nombres supuestos o usurpados los ajenos para cometer delitos y evadir las penas, procurando asi su impunidad. Es asi como a veces se culpan a terceros o se quedan impunes delitos como los de falsos testigos, falsedad en documentos públicos, cobro de cheques o valores por personas supuestas, bigamia, etc.
En la vida social, que es la vida del derecho, unos procuran asegurar su propia identidad y hacerla pública y otros se esfuerzan por ocultarla o cambiarla. A la sociedad le interesa garantizar el deseo de los primeros, impedir el fr4aude de los segundos y fijar inequívocamente la identidad de cada cual. El estado esta en la obligación de garantizarle al ciudadano el sano disfrute de sus derechos y el libre goce de sus bienes; uno de los medios primordiales para lograr este propósito es el de identidad personal inequívoca.
El hombre es el medio por el cual la humanidad expresa en forma sintética la identidad de una persona. Por que el nombre es la individualización de una personalidad y el medio para distinguir al individuo de los demás en determinado conglomerado social. Pero el nombre no tiene más fuerza legal ni más permanencia que la que le dan los otros individuos que lo conocen. Cuando un hombre no es conocido por nadie nada significa. Un hombre puede llevar cualquier nombre y viceversa, un nombre puede ser llevado por varios hombres o personas; asi vemos cómo, en la práctica, los nombres se han repetido extraordinariamente, dando lugar a innumerables conflictos sociales. Necesitamos, pues, encontrar el individuo, además del nombre, caracteres que pertenezcan a través de la edad, indestructibles accidental o voluntariamente, inconfundibles y absolutamente diferenciables de un sujeto a otro.Científicamente hablando, el hombre desconocido no existe, porque cada persona lleva en si un nombre imborrable, un nombre natural, o, mejor dicho, un nombre antropológico que lo distingue de todos los demás.
Ese nombre imborrable o inmodificable lo constituyen los dibujos formados por la crestas papilares o líneas que aparecen en la ultima falange de los dedos de las manos, lo que ha recibido el nombre de Dactilogramas.
Estos dactilogramas se estudian y se clasifican de acuerdo con sistemas preestablecidos que permiten archivar ordenadamente la fichas o tarjetas dactiloscópicas, con el fin de que pueda ser localizadas fácilmente, cualquiera que sea el número de tarjetas de la colección.
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